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Metales Preciosos de Inversión

 

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¿Qué es y cómo funciona un depósito de valor?

19 noviembre 2020
Que es y como funciona un deposito de valor

A los metales preciosos en general, y al oro en particular, se les han atribuido diversos calificativos que aluden a las cualidades que proporcionan a los que invierten dinero en ellos: activo refugio, elemento de diversificación de la cartera, protección frente a la inflación o depósito de valor. En este post vamos a explicar qué es un depósito de valor y por qué al oro se lo considera como tal.

 

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El oro, como el resto de los metales preciosos, tiene una serie de cualidades que lo hacen ser muy apreciado como objeto de inversión. En su condición de activo de inversión, puede desempeñar distintas funciones, dependiendo de las necesidades de cada inversor.

Así, los expertos en inversiones lo aconsejan como elemento de diversificación de una cartera de inversión que contenga activos de mayor riesgo, como las acciones. Una proporción de entre un 5 y un 10% de la misma en oro asegurará un buen rendimiento en caso de que el entorno económico se deteriore.

Sobre su papel como activo refugio no es necesario insistir más, ya que lo hemos tratado en otras ocasiones en este blog y se está poniendo de manifiesto durante este 2020, año de la pandemia y la recesión económica.

 

Depósitos de valor

 

En este post queremos detenernos en la condición del oro y, en general, de los metales preciosos, como depósito de valor. Con este nombre se conoce a un activo, commodity o divisa que logra mantener su valor a lo largo del tiempo, sin depreciarse.

 

Depósito de valor

 

Como explica Lucas Downey, experto en inversiones y cofundador de MAP Signals, un depósito de valor puede guardarse, recuperarse y cambiarse en el futuro por otros activos, sin que haya registrado depreciación alguna.

En otras palabras, para entrar en esta categoría, el activo adquirido debe valer lo mismo o más que cuando fue adquirido y guardado.

El oro y otros metales preciosos son depósitos de valor, ya que son materiales cuya duración es perpetua.

Los bonos del Tesoro estadounidense también se consideraban como refugio, ya que eran capaces de retener su valor mientras generan ingresos. Sin embargo, la llegada de los tipos de interés negativos ha cambiado esta percepción: ahora, un bono puede valer menos que cuando se adquirió, ya que los tipos negativos suponen una merma en su valor.

Por otra parte, determinadas commodities que pueden subir de precio según la situación del mercado, como las relacionadas con la alimentación, nunca podrían entrar en la categoría de depósitos de valor, ya que son de carácter perecedero.

 

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Tipos de depósito de valor

 

Existen varios tipos de depósitos de valor, que cumplen las condiciones requeridas con mayor o menor éxito.

Las divisas son MEDIOS DE PAGO, aunque los más estables suelen considerarse, en cierta forma, como depósitos de valor. Resultan esenciales para una economía sana y deben ser un depósito de valor con la credibilidad necesaria como para que los ciudadanos de ese país trabajen a cambio de él, comercien, ahorren y gasten.

Una unidad monetaria que no cumpla la función de un depósito de valor y se devalúe con rapidez destruye los incentivos para que los ciudadanos ahorren o trabajen para ganarlo, y reduce enormemente su capacidad para comerciar.

Por eso, como señala Downey, en la mayoría de economías avanzadas, la divisa local puede considerarse como depósito de valor, salvo en los peores escenarios.

 

Tipos de depósito de valor

 

Monedas como el dólar estadounidense, el yen japonés, el franco suizo o el dólar de Singapur cumplen esta función en sus respectivas economías y son resistentes, aunque no inmunes, a la hiperinflación. Especialmente en casos de crisis económica como el actual.

En determinadas circunstancias del mercado, otro tipo de bienes tangibles, como las antigüedades, objetos de arte y, en general, piezas de coleccionismo, se han podido utilizar como depósitos de valor.

Aunque es cierto que cumplen la condición de mantener o incluso aumentar su valor a lo largo del tiempo, cuentan con una desventaja frente a los metales preciosos: en caso de necesidad, su liquidez dista mucho de ser inmediata.

Para vender estos bienes es necesario contar con una tasación independiente y conocimiento del mercado, o recurrir a una casa de subastas, en cuyo caso habrá que pagar la comisión correspondiente.

Además, este tipo de mercados no suelen funcionar en momentos de crisis económica generalizada, que es cuando se hace más necesario contar con depósitos de valor.

 

Metales preciosos de inversión

 

El papel más perfecto como depósito de valor lo desempeñan los metales preciosos. Desde hace muchos siglos, diversas civilizaciones han utilizado el oro, la plata y otros metales como medios de pago precisamente por su condición de depósitos de valor y por otras cualidades como su facilidad de transporte (pequeñas piezas acumulan un gran valor) y la facilidad para utilizarlos como moneda de cambio.

 

Metales preciosos de inversión

 

Ello permitió que, en muchos países, el oro sirviera para respaldar la emisión de papel moneda, que era intercambiable por su valor en el metal precioso. En los Estados Unidos, por ejemplo, el llamado patrón oro estuvo vigente hasta el año 1971.

En ese año, el entonces presidente, Richard Nixon, acabo con la convertibilidad de los dólares en oro, dotando a la Reserva Federal de mayores poderes para influir en las tasas de empleo e inflación, entre otros factores.

Desde entonces, el dólar se ha convertido en una divisa fiat, declara como de curso legal por el Gobierno, pero que no está respaldada por ningún activo valioso, más allá de la confianza de los ciudadanos en ese Gobierno.

En cambio, el oro cuenta con valor propio, que no va a perder nunca, independientemente de las fluctuaciones de su precio. Un ejemplo: en 2002, cuando se introdujo el euro, el oro cotizaba a 278,35 dólares la onza; en el momento de escribir estas líneas, su precio era de 1.889,05 dólares. Es decir, un 578,66% de subida. Eso es un depósito de valor.

 

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